POR ROSARIO TAPIERO
“Derechos Humanos y Fraternidad, un binomio inseparable” es el título del Curso de un mes que ofreció el Instituto Universitario Sophia ALC junto al Programa Latinoamericano de Tierras, hacia una fraternidad posible.
Hoy hablar de fraternidad es un reto enorme y, aún más, de derechos humanos atravesados por la fraternidad.
Con el equipo de Sophia ALC y Tierras hemos asumido este reto. Se desarrolló del 21 de agosto al 11 de septiembre en la plataforma de Sophia, con la metodología propia del aula invertida. Los inscritos fueron 48, culminando todo el curso 35 participantes. Los participantes fueron de 15 países y de muy variadas edades.
El libro base del Curso fue la tesis de maestría del Profesor Raúl Gamarra: “La Fraternidad y los Derechos Humanos”. Pero la experiencia fue enriquecida con un intercambio constante entre la coordinación del Curso, el profesor y el equipo de Sophia, logrando compartir sea en los momentos sapienciales, en las comunidades de aprendizaje (en total 10) y en la biblioteca de la plataforma, material muy diverso.
Las temáticas abordadas fueron:
A – La fraternidad: ¿es una categoría válida para la protección y el desarrollo de los derechos humanos?
B- La fraternidad: su vinculación con la paz y la justicia.
C- El derecho constitucional y la fraternidad. Bases para Justicia y Paz.
Los participantes se han aproximado, como una gran novedad, al concepto del constitucionalismo fraternal. Han descubierto cómo ya en varios países se contempla la fraternidad en la constitución, la fraternidad encarnada en la jurisprudencia.
De los trabajos finales, recogemos algunas de estas comprensiones para la vida:
– Es esencial promover el diálogo y la escucha activa, especialmente en tiempos de creciente polarización. Se pueden crear foros comunitarios de diálogo abierto, donde todas las voces sean escuchadas con respeto.
Implementar programas de educación en valores desde la infancia es fundamental, que enseñen empatía, respeto a las diferencias y responsabilidad comunitaria, es clave para construir una sociedad fraterna.
– Organizar eventos que celebren la diversidad cultural y generacional, como ferias y proyectos artísticos colaborativos, que ayuden a unir a las personas.
– En casos de conflicto, adoptar la justicia restaurativa permite resolver disputas mediante el diálogo y la reconciliación.
– Brindar talleres sobre habilidades de comunicación y liderazgo fraternal son fundamentales para fortalecer las relaciones en la comunidad.
– Repensar cómo, desde nuestras acciones cotidianas, podemos generar espacios donde la empatía, la escucha activa y el respeto a las diferencias se conviertan en las bases de una sociedad más unida y solidaria.
– La importancia de ser “activistas” en el buen sentido, en el vivir esta cultura de la paz, de la fraternidad, porque lo tenemos en el corazón, pero también hay que educar, no se improvisa, el otro tiene que hacer esta experiencia, hay que poderle dar la oportunidad de hacerla, de experimentarla.
– Es importante recuperar la memoria histórica: no olvidar y promover reflexión y empatía en las nuevas generaciones.
– Promovamos la paz, la fraternidad, la tolerancia y la justicia en nuestros ambientes. Desde el núcleo familiar, los vecinos, en el tránsito con los extraños, en los escenarios de trabajos. Trabajemos desde el microambiente para cambios profundos que se amplíen en la ejecución de las leyes.
– Se debe ir poco a poco entretejiendo una red, un espacio óptimo de confianza, abandonando todo prejuicio, para poder poner las ideas en comunidad, identificando un horizonte común y buscando los mecanismos para alcanzarlo.
– Políticas públicas para generar arraigo.
– Aprender a valorar las diferencias.
– Trabajar el valor de la inclusión, más allá de la diversidad de géneros, mirar a las comunidades originarias de los pueblos y dar a conocer sus valores y cultura.
– Estar convencidos que la fraternidad es un motor de transformación y ofrecerlo como una experiencia propia para poder ser creíbles en nuestros ambientes a la hora de proponer el diálogo y la escucha.
El deseo ahora de seguir construyendo en sus lugares espacios de fraternidad y seguir trabajando por la paz y la justicia, y en definitiva por el cumplimiento de la adecuada protección de los derechos humanos en sus países.