POR ROBERTO ALMADA
*Médico psiquiatra y psicoterapeuta en la escuela de Viktor Frankl, licenciado en Filosofía y diplomado en Ciencias Religiosas. Miembro del Equipo Coordinador del Curso Acompañar-Nos para Alimentar la vida.
Vivimos un cambio de época que afecta casi todos los ámbitos de la vida, con pérdida de referencias y una creciente fragmentación social. Estas circunstancias culturales y económicas generan un profundo sentido de precariedad, que a menudo desemboca en reacciones defensivas: fanatismo, polarización del pensamiento y encierro ideológico. Todo esto erosiona la concordia social, un signo claro de nuestros tiempos.
Hoy, la existencia humana se percibe como especialmente desafiante e incierta, lo que provoca una sensación de desorientación. Caminar en este contexto requiere una presencia amigable y afectuosa. Por su parte, la Iglesia católica, a través de sus documentos, invita a practicar el acompañamiento “para que todos aprendan siempre a quitarse las sandalias ante la tierra sagrada del otro (cf. Ex 3,5).
Tenemos que darle a nuestro caminar el ritmo sanador de proximidad, con una mirada respetuosa y llena de compasión pero que al mismo tiempo sane, libere y aliente a madurar en la vida cristiana (EG, 169). “La tierra sagrada del otro” nos recuerda que cada individuo es único e irrepetible, portador de una vocación que solo él o ella puede realizar. El acompañante espiritual debe ayudar a redescubrir este valor inalienable.
La nueva vida eclesial basada en la sinodalidad también promueve relaciones de acompañamiento bajo el lema: “Nadie se salva solo”.
En este contexto, el acompañamiento debe integrarse profundamente en la relación personal. Porque somos en la relación, y no hay forma de explorar nuestro ser —de responder preguntas como quién soy, dónde estoy, qué quiero hacer en la vida, cómo lo haré y hacia dónde voy— sin descubrirnos en quien camina a nuestro lado. Este encuentro misterioso se da entre tres incógnitas: la personalidad única e irrepetible del acompañado, la del acompañante y la trascendencia que habita en el vínculo. Por ello, el acompañamiento es una historia imprevisible de “liberación posible”.
El acompañamiento no es ni pesimista ni optimista: transita entre lo frágil y lo eterno, entre la frustración cotidiana y la esperanza. Se mueve, precisamente, en la dimensión de la esperanza.
Esta práctica tiene raíces profundas en la historia del cristianismo. Diversas tradiciones han destacado aspectos particulares de la relación de acompañamiento: los monjes abades y abadesas se entendían como padres y madres espirituales; los cistercienses enfatizaban la amistad en Dios; los carmelitas describían etapas de la vida espiritual con las enseñanzas de Teresa de Ávila; y los jesuitas, con los Ejercicios Espirituales, ayudaban a discernir la voluntad de Dios. Todas estas tradiciones comparten tres elementos esenciales: la experiencia de Dios, el autoconocimiento y la comprensión de la propia misión.
En el presente, y gracias a la investigación del Instituto Universitario Sophia ALC, desde Latinoamérica surge la necesidad de nuevas integraciones para el acompañamiento. Entre estas, destacan:
- La dimensión ecológica y las tradiciones culturales indígenas.
- Una visión helicoidal de las etapas de la vida que se construyen en el momento presente con la dinámica de concientizarse, desprenderse y reconocerse reconciliado.
- Una perspectiva sistémica que descubra en la comunidad el nosotros y la intra-relación, superando miradas reductivas individualistas.
- El reconocimiento de la presencia natural de la mujer como acompañante de la vida, especialmente en contextos urbanos de pobreza y vulnerabilidad.
Así, el acompañamiento espiritual entreteje hilos que forman un tapiz único. La diversidad de factores que se entrelazan hace que cada proyecto sea nuevo y sorprendente tanto para los acompañados como para los acompañantes.
No hay recetas ni caminos ideales, no hay mapas con recorridos preestablecidos, ni tampoco estructuras fijas. Se trata de un Dios creador y creativo que camina con nosotros, como compañía cercana.